
¿Imposible, dices? No, no. ¿Por qué no me escuchas? ¿Temes que te convenza? Los arboles son negros. El agua está helada de terror. Los rosales se aprietan unos con otros llenos de miedo. La muerte de las plantas cierne sobre ellas, envenenándolas y tiñéndolas de amarillo, las luces oscilan inquietas. Mi alma se desborda de pasión. ¿Por qué no me quieres? ¿Por qué te alejas de mi?.... ¿Dónde irás?
Me voy a la luz de la verdad. No me preguntes más. Es inútil.
Dios mío. Era mi ilusión. ¿Por qué se aleja de mí?
La felicidad, no existe en la tierra. ¡Que solo y que triste estoy¡ A ratos me parece que no vivo. En el anochecer me lleno de nostalgias tristes. Los colores del crepúsculo me bañan de dulzuras celestes. ¿Cuándo se borrara su figura de espuma de mi frente de sol? ¿Qué garras negras y penetrantes me estrujan la cabeza adolorida? Todas estas preguntas interiores no tienen resolución. Mis lágrimas me caen en la boca. Los ruidos de la noche mueven las cuerdas de un violín colosal. ¿Cuándo no pensare en el?
Cada nota, cada fricción del arco en las cuerdas son como latigazos de recuerdos quebrados de dolor, dejando magulladuras y grutas en el lago de mis lamentos.
Mis ojos, desde que no ven los suyos, están ciegos. Mi boca, desde que no besa la suya, esta marchita. Mis manos están tan amarillas que parecen lirios secos por el humo. Mi cuerpo no tiene vida, mi corazón esta sin sangre. Toda mi alma esta presa en una niebla gris. Mis pupilas me miran a mi mismo.
¿Qué hacer? Estoy sumergido en las sombras de la inconsciencia.

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