sábado, 21 de marzo de 2009

Mis sueños tapizados




Mis sueños tapizados. Los sellaste al descorrer las ventanas abiertas, el tiempo no se fía de tu ausencia y no deja de reflejarse sobre mis ojos la llama que en silencio me devora.
Callado, inerte, en dolor profundo mi corazón embarga y se enajena y allá en su centro vibra moribundo cuando entre el vano estrepito del mundo, el recuerdo de tu risa atraviesa.
Recubriéndome los sueños póstumos de tu invisible imposibilidad, corroyéndome el alma y astillándola sin liquidar consigo mi cuerpo, pero en mi lóbrega y yerta fantasía brilla una vaga esperanza como el rayo de luz que el sol envía a través de una bóveda sombría al roto mármol de una bóveda.
Regresa a descorrer mis ventanas.

Vine a este mundo


Vine a este mundo a comprender las magulladuras de mis recuerdos, a definir y descifrar los códigos acordonados, que a través de mi alma encienden angustias nocturnas en mis sueños oscuros de Prusia carne.
Vine a este mundo a desenterrar las huellas de un pasado difuso, con dolores perpetuos y ensimismados que me quiebra su dolor como un espejo en el agua. A comprender la tristeza que reprime la razón como un ensueño de recuerdos no vividos, un dolor apacible producto quizá de karmas no pagados, lirios malsanos de un jardín olvidado.
Vine a este mundo a comprender ese vacio de un desierto de piedras, es como el universo de los enajenados, soledades duras que duermen como litografías nocturnas en cuerpos y vidas diferentes.

Adagio



¿Imposible, dices? No, no. ¿Por qué no me escuchas? ¿Temes que te convenza? Los arboles son negros. El agua está helada de terror. Los rosales se aprietan unos con otros llenos de miedo. La muerte de las plantas cierne sobre ellas, envenenándolas y tiñéndolas de amarillo, las luces oscilan inquietas. Mi alma se desborda de pasión. ¿Por qué no me quieres? ¿Por qué te alejas de mi?.... ¿Dónde irás?
Me voy a la luz de la verdad. No me preguntes más. Es inútil.
Dios mío. Era mi ilusión. ¿Por qué se aleja de mí?
La felicidad, no existe en la tierra. ¡Que solo y que triste estoy¡ A ratos me parece que no vivo. En el anochecer me lleno de nostalgias tristes. Los colores del crepúsculo me bañan de dulzuras celestes. ¿Cuándo se borrara su figura de espuma de mi frente de sol? ¿Qué garras negras y penetrantes me estrujan la cabeza adolorida? Todas estas preguntas interiores no tienen resolución. Mis lágrimas me caen en la boca. Los ruidos de la noche mueven las cuerdas de un violín colosal. ¿Cuándo no pensare en el?
Cada nota, cada fricción del arco en las cuerdas son como latigazos de recuerdos quebrados de dolor, dejando magulladuras y grutas en el lago de mis lamentos.
Mis ojos, desde que no ven los suyos, están ciegos. Mi boca, desde que no besa la suya, esta marchita. Mis manos están tan amarillas que parecen lirios secos por el humo. Mi cuerpo no tiene vida, mi corazón esta sin sangre. Toda mi alma esta presa en una niebla gris. Mis pupilas me miran a mi mismo.
¿Qué hacer? Estoy sumergido en las sombras de la inconsciencia.